Unos 320 niños y adolescentes, pacientes neurológicos o con discapacidad motora perdieron la posibilidad de acceder a una terapia esencial en su rehabilitación, con el cierre del servicio de zooterapia que el sistema sanitario de la Ciudad de Buenos Aires tenía en funcionamiento, hasta que la administración macrista decidió desmantelarla.
El área tenía más de 17 años de antigüedad de atención gratuita y probada efectividad. Los padres de los pacientes presentaron dos recursos de amparo para que se restituyera el servicio y denuncian que, como consecuencia indirecta del cierre, murió uno de los pacientes. También señalaron que los funcionarios porteños, entre ellos el director de Salud Mental, Juan Garralda, estarían incurriendo en “incumplimiento de los deberes de funcionario público” y “abandono de persona”, entre otras. Los pacientes carecen hoy de esa atención complementaria. El servicio funcionaba en un sector del Parque Roca, en el sur de la ciudad, bajo la coordinación de la psicóloga Elsa Szwarcman, que ostenta sendos masters en zooterapia y discapacidad.
Fue por iniciativa de esta profesional que ya entonces formaba parte del personal de planta de salud en la Ciudad, que se comenzó a trabajar con perros entrenados en asistencia terapéutica.
Recién entró a la formalidad del sistema de salud en 2007, con la Resolución 1068 del Ministerio de Salud porteño, por esos días encabezado por el ex director del Hospital Argerich, Donato Spacavento.“Al principio trabajábamos en un lugar abierto, sólo teníamos un vestuario. Se terminó de construir recién en 2006, pero a partir de 2007 comenzaron los problemas. Lo primero que nos sacaron fue la camioneta con la que trasladábamos a los perros”, explicó Szwarcman a Tiempo Argentino.
El gobierno porteño dispuso el cierre definitivo en octubre del año pasado, sin aviso previo a los pacientes y sin disponer su traslado a otros centros que pudieran brindar una asistencia similar. Fue el caso de Noelia Moreno Olmedo, una chica de 14 años con múltiples patologías neurológicas, a quien la terapia con perros ayudó a recuperar estímulos perdidos: “Los perros le enseñaron a estar sentada, a pararse y caminar. El chico recibe una terapia que no es la del frío hospital, y la familia también la recibe.”
